Domingo XXXIV. Ciclo C. Solemnidad de Cristo Rey. Domingo 23 de noviembre de 2025. Jornada Mundial de la Juventud

2 Sam 5, 1-3.    “Ungieron a David como rey de Israel”

Col 1, 12-20.     “Nos hizo entrar en el Reino de su Hijo muy querido”

Lc 23, 35-43.     “Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”

EVANGELIO

Después de que Jesús fue crucificado, el pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: «Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!»
También los soldados se burlaban de Él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: «Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!» Sobre su cabeza había una inscripción: «Éste es el rey de los judíos». Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
Pero el otro lo increpaba, diciéndole: «¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que Él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero Él no ha hecho nada malo» Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino».
Él le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso».

Comentario

I.N.R.I

            La liturgia de este último domingo del tiempo durante el año celebra la Solemnidad de Cristo Rey, título que El mismo se va a dar, como Señor de la historia, del universo y de los corazones.

            Al cerrar este ciclo litúrgico, la Iglesia nos invita a prepararnos al nuevo tiempo que se aproxima, el Adviento, camino hacia el encuentro del Señor que nacerá en Belén, por nosotros y nuestra salvación.

            El origen histórico de esta fiesta surge en el año 1925, un 11 de marzo, como respuesta del Papa Pío XI a los regímenes políticos ateos y totalitarios que negaban los derechos de Dios y de la Iglesia, más en concreto el de la revolución mexicana, que hostigó, persiguió y mató a muchos católicos, que con valentía se convirtieron en mártires, al morir por el Señor con el grito Viva Cristo Rey. Por eso se los llamo Cristeros, por la alusión a su fe inquebrantable en Jesús, el verdadero Dios y por lo tanto Rey.

            El origen teológico de esta fiesta está ya en los evangelios, como el que se proclama en este día. No solo porque Jesús se autoproclamó Rey, sino porque el Reino se inaugura con El en este mundo y se completa en el Reino eterno.

            La inscripción I.N.R.I, es la abreviación del cartel que le pusieron al Señor en la Cruz. IESUS NAZARENUS REX IUDORUM, que significa Jesús Nazareno, Rey de los Judíos. El motivo de la condenación es justamente lo que el vino a anunciar. Rey de los Judíos y de todos los hombres, ya que el texto estaba escrito en los tres idiomas conocidos de ese tiempo; Hebreo, Griego y Latín.

            Este rey es único y especial. Mi reino no es de este mundo, dirá el mismo Señor. Ahora al contemplarlo en el monte calvario, vemos que toma posesión de su trono, que es la cruz, es entregada su nueva corona de espinas, con la ausencia de sus vestimentas reales, que fueron rotas y sorteadas, y con seguidores que habían huido. El Señor reina en su aparente debilidad, a concluir su obra de obediencia al Padre, venciendo al demonio, el pecado y la muerte, con su propia resurrección.

            Desde la cruz comienza ya su ministerio de salvación, como sacerdote eterno que extiende los brazos por toda la humanidad, al acoger en su reino al buen ladrón.

            Este hombre va a ser el único que, en ese momento dramático de su vida, confesará la inocencia de Jesús, y su propia culpabilidad: “No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que ËL Nosotros sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero Él no ha hecho nada malo.”

            Al verlo a Jesús en la cruz, le pide que se acuerde de el, cuando llegue a su Reino. Pero el Señor, le dará muchos más. No será solo tenerlo presente, como un simple recuerdo, sino que le dice que HOY, estarás conmigo en el Paraíso, en el cielo. Y este buen ladrón, conocido por la tradición como San Dimas, le robo lo más grande que desea el corazón del hombre. La vida eterna. Y comenzó su nuevo reino.

Los reyes de este mundo

            La segunda lectura presenta, la unción del joven David, el elegido de Dios, como Rey de Israel, y la misión de apacentar, o pastorear a su pueblo, como ovejas nuevas del redil. “Ellos ungieron a David.”

            David, a pesar de sus pecados, fue el modelo y referente de su pueblo, al lograr la unificación de las tribus de Israel y llevar al reconocimiento de su autoridad a las otras naciones. El Mesías esperado, de la dinastía Davídica, se creía que iba a ser algo parecido a El. Este aire de mesianismo temporal va a estar presente también entre los mismos apóstoles.

            Pero el Señor va a triunfar por el camino de la humildad y  del sufrimiento, llevando a su plenitud el programa de las bienaventuranzas. Este rey oculta su dignidad real, como verdadero Dios, en su humanidad santísima. Lo dice en forma excelente la segunda lectura del apóstol San Pablo: “Él es imagen del Dios invisible… por el fueron creadas todas las cosas.”

            La escena conmovedora de la crucifixión invita a reflexionar sobre el ejercicio de la autoridad en este mundo. Algunos pecando por exceso, se convierten en autoritarios, tiranos, y déspotas de su pueblo, de sus familias, de sus empleados y de su entorno. Otros por defecto, dejan pasar todo, y crean un clima de laxitud y caos. El difícil ejercicio del liderazgo no es fácil. Dirán los latinos: “firmiter in re, suaviter in modo”, firme en las cosas, y suavemente en el modo. Esto no se consigue de un día al otro, sino de un día tras otro.

            Las leyes, las costumbres, y la vida de este mundo, no está signado siempre por el reino de la verdad, de la santidad, de la justicia, de la paz, del amor y de la gracia. Este es el desafío, el intento, la meta, el objetivo. Los reyes de este mundo, que son pocos, y algunos fueron santos, también tienen que velar y custodiar estos principios básicos de convivencia ciudadana, junto con aquellos que tiene una tarea social, escolar, familiar, judicial y eclesial de gobierno, llamados a pensar su misión de la autoridad, como servicio, como entrega, y como honor.

El reino de Dios en mí

            En la escuela se decía, que el oro, era el rey de los minerales, la rosa, la reina de las flores, el León el rey de la Selva, y el hombre el rey de la Creación. Podemos extender este conocimiento, agregando que Dios es el rey de todo, el que con su providencia divina, gobierna misteriosamente este complejo mundo.

            Si nos asombramos del macrocosmos, los planetas, el sol, las galaxias, la infinidad de estrellas, también nos sorprende el microcosmos, la vida, las células, los átomos. Y Dios esta reinando, está presente en todo. Lo importante es preguntarnos si reina el Señor dentro de mi corazón, si sus enseñanzas inciden en mi vida, si tengo presente su mensaje, si está en el centro o al margen de mi existencia, si influye su palabra en mis decisiones. En la pirámide de escala de valores, ¿qué lugar aparece el Señor? Y Dios esta reinando, cuando yo lo dejo entrar o le permito ingresar a compartir mi vida, mis penas, mis alegrías, y mis preocupaciones. De esta manera Cristo Reina, y así también va a reinar en mis pensamientos, mis palabras, y mis obras. Como un circulo de agua, que se va extendiendo al arrojar una piedra, así se proyectará el reino de Dios.

Oración: Señor, ayúdame a reconocerte en mi vida, y a ser un sencillo y valiente servidor de tu mensaje, sabiendo sobrellevar las contrariedades por amor a Ti. Que tu reino se manifieste en una sonrisa, un gesto de caridad, una palabra oportuna, un silencio ofrecido y un si por Ti. Amén

Padre Luis Alberto Boccia. Cura Párroco. Parroquia Santa Rosa de Lima. Rosario.