El Bautismo del Señor. Ciclo B. Domingo 10 de Enero de 2021

El Bautismo del Señor. Ciclo B. domingo 10 de enero de 2021

Is  55, 1-11                                         “Vengan a tomar agua, escuchen y vivirán”

1 Jn 5, 1-9                                          “El Espíritu, el agua y la sangre”

Mc  1, 7-11                                         “Tu eres mi Hijo muy querido”

Evangelio

Juan Bautista predicaba, diciendo:

Detrás de mi vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero El los bautizará con el Espíritu Santo.

En aquellos días, Jesús llego desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan el el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre El como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección.

Comentario

 El bautismo, nuevo Epifanía

La liturgia de la Iglesia celebra hoy la fiesta del bautismo del Señor, cerrando así el ciclo de Navidad, para dar comienzo el próximo domingo al tiempo durante el año.

El día 6 de enero fue la solemnidad de la Epifanía o fiesta de los Reyes Magos. Epifanía significa manifestación y esta epifanía esta vinculada con otras manifestaciones;  la del bautismo del Señor y la del milagro de las bodas de Cana.

Dicen las antífonas de laúdes y vísperas de la liturgia de las horas, esta misma idea:

“Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo, porque, en el Jordán, Cristo ha lavado los pecados de ella, los magos acuden con regalos a las bodas del Rey y los invitados se alegran por el agua convertida en vino. Aleluya”. (Laúdes)

“Veneremos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Cana; hoy Cristo fue bautizado por Juan el  Jordán, para salvarnos. Aleluya”. (Vísperas)

En esta fiesta Cristo se manifiesta a su pueblo de Israel, haciendo su presentación oficial.

Los cuatros evangelios narran este suceso. Juan Bautista prepara a su pueblo para la llegada del Mesías, con la predicación de la conversión, y el arrepentimiento, unido al signo del bautismo en el río Jordán. El mismo confiesa humildemente su indignidad y los límites de su misión, por eso se lo llama el precursor: “Detrás de mi vendrá el que es más poderosos que yo…yo los bautizo a ustedes con agua, pero El los bautizará con el Espíritu Santo”

En el bautismo de Juan se destacan tres cosas: 1- la acción se recibe una sola vez. 2- es administrado por otro. 3- en vista a la salvación

El bautismo de Cristo, era la señal oficial con la cual Juan Bautista reconocería al Señor, como Mesías.

Jesús se somete al bautismo de Juan, sin necesidad, para cumplir toda justicia, como dirá el mismo Marcos (3, 15) es decir el plan divino, lo mandado por Dios.

Esto lo expresa bellamente el himno de Vísperas de este día, en la liturgia de las horas:

“Porque el bautismo hoy empieza y él lo quiere inaugurar, hoy se ha venido a lavar el Autor de la limpieza.

            Aunque es santo y redentor, nos da ejemplo singular; se quiere hoy purificar como cualquier pecador.

            Aunque él mismo es la Hermosura y no hay hermosura par, hoy quiere al agua bajar y hermosear nuestra basura-

            Nadie lo hubiera pensado, vino el pecado a quitar, se hace ahora pasar por pecador y pecado.

            Gracias, Bondad y Belleza, pues te quisiste humillar y no te pesó lavar tu santidad y pureza. Amén”.

Con el bautismo del Señor, comienza su vida pública, teniendo treinta años, como dice San Lucas. (3, 23). Su propio bautismo prepara otro bautismo: el de su muerte. (Lc 12, 50). Entre estos dos bautismos está toda su vida pública.

En el bautismo de Jesús aparecen varios signos importantes que inauguran el verdadero bautismo, como futuro sacramento. El agua, que purifica y renueva, en el Jordán, río histórico, por la cual el pueblo de Israel entro en la tierra prometida, anuncio de la definitiva el cielo, por Juan, el ministro o bautizador, los cielos abiertos, cerrados por el pecado de Adán, el Espíritu Santo que descendía en forma de paloma, que el modo de investir, consagrar o ungir al verdadero Mesías, en forma pública, con la unción que ya tenía desde su encarnación. Es también un anuncio de Pentecostés, el bautismo del Espíritu para la Iglesia. La voz del Padre, que señala a su propio Hijo, por la cual nosotros nos transformamos por el don del bautismo en Hijos de Dios en su Hijo, lo que llamamos la filiación divina, que hace exclamar a San Pablo; Abba, Padre.

Nuestro bautismo

Podemos en este día, hacer memoria y agradecer nuestro propio bautismo, por la cual, incorporados a Jesús, como hermanos en la Iglesia, somos Hijos de Dios, en el Padre y morada o templo del Espíritu, sellado con un carácter o marca indeleble, el sello de Dios en nuestra alma, como verdaderos hijos adoptivos, ungidos con el óleo de los catecúmenos, como los gladiadores romanos, que untaban su cuerpo con aceite, para que brillaran sus músculos, fueran fortalecidos y  resbalara ante el contrincante, así también el maligno resbale con sus argucias ante los ataques, consagrados por la unción del santo crisma, como sacerdotes, oferentes e intercesores, profetas, catequistas y anunciadores del Reino, y reyes, pastores y guías de los hermanos, purificados con el agua bendecida, limpios del pecado original y radiantes en el alma por la gracia santificante, simbolizados con la vestidura blanca, sostenidos por la luz de nuestros padrinos, signo de la santidad de los bautizados, unidos a Cristo Resucitado luz del mundo.

Las renuncias del bautismo, significan, rechazar el mal y ofrecer el bien, rechazar el pecado y adherirnos con fe a Dios y a los contenidos del Credo.

El bautismo, como el primer sacramento de la iniciación cristiana, nos invita a pensar y vivir nuestro renacimiento. El bautismo en un nuevo nacimiento en Dios. Se trata de renacer a la vida de la gracia, saliendo del pecado, modo de actualizar la vida bautismal.

En nuestra sociedad actual, y en nuestro país de Argentina, se busca el recurso de los sacramentales, creados por la Iglesia para acompañar la fe del pueblo cristiano y hacer memoria de los sacramentos, como es el uso del agua bendita, las bendiciones, etc. El problema es que no se llega a veces al sacramento propiamente, quedándose y satisfaciendo su necesidad espiritual solamente con los sacramentales, como signos sagrados. La catequesis esta comprometida a purificar, y encauzar estas prácticas.

Como se dice habitualmente se trata de evangelizar a los bautizados y aprovechar para mejorar las charlas bautismales y la celebración del bautismo con creatividad pastoral y entusiasmo apostólico.

Padre Luis Alberto Boccia. Cura Párroco. Parroquia Santa Rosa de Lima. Rosario

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *