Domingo 14º C. P. Luis.

Domingo 14º. Tiempo Ordinario. Ciclo C. domingo 4 de julio de 2010

 

Is 66,6-14c «Alégrense con Jerusalén y regocíjense a causa de ella”
Gal 6,14-18 «Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús»
Lc 10,1-12.17-20 «El reino de Dios está cerca de ustedes”

 

Evangelio

 

El Señor designó a otros setenta y dos, además de los Doce, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde Él debía ir. Y les dijo: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni provisiones, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: «¡Que descienda la paz sobre esta casa!» Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.
Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: «El Reino de Dios está cerca de ustedes». Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: «¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca«. Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad». Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre». Él les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo»

 

Comentario

 

Organizando la misión

 

            Ante la necesidad imperiosa de caminar y anunciar el Reino de Dios, Jesús organiza el envío, la misión, que no es una invasión, sino una experiencia de encuentro con la gente, designando otros setenta y dos discípulos, a parte de los doce apóstoles.

Estos nuevos 72 recuerdan a las antiguas naciones paganas antes del diluvio, como un signo de que la misión es para todos, pero también hace presente a los ayudantes de Moisés en el gobierno del pueblo de Dios. Si los sucesores de los doce apóstoles son los Obispos, los continuadores de los 72 serían los presbíteros, sacerdotes colaboradores de la pastoral de una comunidad Diocesana confiada a un Pastor propio.

Por eso Jesús, al ver que la cosecha es abundante y los trabajadores son pocos, el pequeño grupo de apóstoles y discípulos, encarga como tarea prioritaria, o como primera misión, la necesidad de orar: Rueguen. Este imperativo del Señor, es para despertar la importancia de la oración, como sostén y acompañamiento de la tarea evangelizadora de la Iglesia, y como movida espiritual para suscitar vocaciones.

Luego Jesús los envía: Vayan, es decir salgan, caminen, recorran, trabajen, muévanse. Les dice tres cosas: 1- como deben ir: desprovisto de lo innecesario, confiando  en la providencia o recurso divino y en la generosidad de las familias. 2- que deben anunciar: la paz, la liberación, (de los espíritus malignos), y el reino, (que es el mismo Jesús, y su mensaje de salvación). 3- adonde deben llegar: que son las casas de las familias, curando a los enfermos.

            Por último, vienen los resultados de la siembra y de la cosecha. Regresen. Los discípulos vuelven contentos, y  satisfechos por este entrenamiento misionero. Por eso el Señor les orienta la alegría, no solo como una felicidad propia, sino que la verdadera alegría del Reino, es que sus nombres estén escritos en el cielo y no solo en el corazón de la gente.

La pedagogía del maestro

 

            El Señor no se conforma solo con que los discípulos, escuchen charlas de su maestro, oigan nuevas y exigentes enseñanzas, vean signos y milagros, y conozcan nuevas ciudades y sitios. El Señor,  quiere que practiquen, que no se queden admirados por su persona, sino que salgan, en su nombre y con su poder a vivir la experiencia de la misión, que será de aceptación, pero también de rechazo, con pobres recursos, pero con el corazón lleno, con pocas cosas, pero con la fuerza de la palabra. Será estar como ovejas en medio de lobos. Los lobos, que pueden ser los fariseos y escribas, los que están esperando dar el zarpazo de la acusación o de la calumnia. Los lobos, son hoy también los que acechan al rebaño con errores y confusiones doctrinales. Lo que mantendrá la unidad de la misión, y de los misioneros es el ir de dos en dos, para ser más creíble el mensaje y sostener, como atestiguaba el antiguo testamento, la veracidad de dos testigos en un hecho, que ahora es el anuncio del Reino.

El Señor, conoce de pedagogía divina, y es por eso que los hace concretar este entrenamiento, como paradigma y modelo de toda futura misión en la Iglesia, sostenida por la fuerza del Espíritu Santo, que es el gran protagonista de la evangelización, como dice el Papa Pablo VI,  contagiados por la fascinación y enamoramiento del maestro, que nos lleva a desplegar  por los demás, el movimiento y la creatividad de llevar el anuncio, liberar, sanar y formar comunidad.

 

La deuda de siempre

 

            La Iglesia nació para evangelizar, esta es su realidad. La Iglesia es misterio, comunión y misión. A lo largo de los siglos, la tarea misionera no dejo de realizarse, con muchos o pocos frutos, con más intensidad o menos, con bastos o escasos recursos. Pero de distintas y variadas maneras se intentó anunciar la buena noticia del Señor y su Reino. Los santos has sido y son los referentes del apostolado.

Esta es nuestra deuda. Evangelizar, misionar, hacer apostolado, con la palabra, el testimonio y las acciones.

Este 28 de junio, durante la celebración de las Primeras Vísperas de la Solemnidad de los santos Pedro y Pablo, en la Basílica de San Pablo Extramuros, el papa Benedicto XVI anunció la creación de un nuevo Dicasterio vaticano dedicado específicamente a la reevangelización de los antiguos países cristianos, sobre todo en Occidente.
El nuevo Consejo quiere desarrollar un aspecto del decreto conciliar Ad gentes, que preveía tres tipos distintos de evangelización: una primera evangelización a los países que nunca recibieron el evangelio; una consolidación en los países evangelizados hace poco tiempo; y una nueva evangelización en los antiguos países cristianos, hoy secularizados.

Dijo el siervo de Dios, el papa Juan Pablo II, en una homilía de 1986:
El materialismo, el consumismo, el secularismo han obnubilado y endurecido el corazón de muchos hombres. Pero hay muchas casas y ciudades que viven en la ley del Señor, que reciben «como río de paz», según las palabras del profeta Isaías (Is 66,12). ¡La mies es abundante! ¡Se necesitan muchos brazos que trabajen en la construcción del reino de Dios!

         Pies y manos se necesitan, caminar y hacer, rezar y salir. El apostolado será a veces organizado por la parroquia, los movimientos, visitando las casas, los edificios, y otros lugares. Pero el apostolado más urgente es el de cada uno en su lugar, en su ambiente, en su territorio: Como dice muy bien San Josemaría Escriba de Balaguer:

            «Esas palabras deslizadas tan a tiempo en el oído del amigo que vacila; aquella conversación orientadora, que supiste provocar oportunamente…, y la discreta indiscreción que te hace sugerirle insospechados horizontes de celo… Todo eso es ‘apostolado de la confidencia’»

Oremos: Señor, que deje sembrar tu palabra y tu gracia en mi corazón, para recomenzar la misión cotidiana, rogando, sembrando, recorriendo, anunciando, formando y regresar al fin del día con algo más en las manos, para tu reino. Amen

Padre Luis Alberto Boccia. Cura Párroco. Parroquia Santa Rosa de Lima. Rosario

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